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Una problemática que se arrastra de un nivel educativo a otro privando a los jóvenes de la posibilidad de desempeñarse como lectores eficientes y capaces dentro de la sociedad.

 
La comprensión de un texto, mejor dicho del mensaje plasmado en éste, es el objetivo primordial de la función lectora que comienza a desarrollarse en la escuela primaria. Pero a juzgar por las falencias que muestran día a día los intentos de comunicación entre los jóvenes, se ha convertido en una tarea difícil de lograr y que tarde o temprano puede llevar al fracaso de ese individuo no solo en la comprensión de mensajes sino  extendiéndose a su propia inserción en la sociedad y desenvolvimiento con sus pares.
Un adolescente que no es capaz de discernir contenidos dentro de sus lecturas no podrá ejercer un pensamiento crítico que lo favorezca a la hora de fundamentar sus futuras elecciones. Porque comprender un texto significa ir más allá de sus propias palabras y ser capaces de encontrar e  interpretar cada una de las posibilidades que en sus hojas se nos ofrecen.

Estudio memorístico y escasa lectura
La comprensión comienza con la decodificación de las palabras y el procesamiento que realiza el individuo, de modo automático, de los significados que proveen de valor al texto que se lee. Es necesario que esto sea adquirido específicamente por el niño para llegar a ser un lector eficiente en su vida escolar posterior y sobre todo de cara a su futuro como ser social.
Cuando esto no ocurre, nos encontramos con jóvenes que no pueden comprender el significado de un texto aún siendo ya estudiantes avanzados.
La docente y Psicopedagoga de nuestra ciudad, María Paula Sánchez, considera que mucho de esta cuestión se encuentra asociado al hecho de que preocupe más la cantidad de contenidos y la memorización de estos antes que su comprensión. “Las causas de la falta de comprensión lectora en los adolescentes, a mi entender, radicaría en la enseñanza que enfatiza el aprendizaje de tipo memorístico, la falta de entrenamiento en destrezas de estudio e investigación”, explica la docente. “Además podríamos añadir la falta de adecuación de los programas a los intereses de los alumnos  y el no fomentar la lectura como un hábito”.
“Si bien son las causas pedagógicas las primeras que debemos destacar, nunca debemos dejar de mirar la influencia de lo social que repercute directamente dentro del aula”.
Las consecuencias que trae aparejadas este tipo de falencias en el aula se vislumbran de inmediato en el ámbito social donde ese joven está inserto.
“Las consecuencias de esta problemática son suficientemente graves como para no atenderlas”, destaca Sánchez. “No poder comprender un texto nos abre la puerta al fracaso escolar, nos quita la posibilidad de acceder al conocimiento y al crecimiento individual”.
Si pensamos en el fracaso individual del joven, es necesario volver los ojos al papel que este desempeña en la sociedad en que vive. Y comprender el alcance que el déficit en la comprensión lectora tiene en la sociedad implica pensar en nuevos paradigmas.
La licenciada en sociología Elizabeth Belligoi, destaca el papel de la educación para repensar estos paradigmas y no quedarnos en el tiempo. “Para empezar voy a citar a Alvin Toffler –escritor, lingüista y docto en varias otras áreas como leyes y ciencias- que dice que  las sociedades que no preparen a sus chicos quedarán en el camino. Fijate que papel importante el de la educación porque más allá de aquellos sueños románticos de que uno a la escuela debe ir a divertirse, en realidad uno en la escuela tiene que comenzar a entender que es la vida, aspirar a mejorar, a cambiar. Pero uno no puede en la escuela evadir las leyes ni las reglas, uno a la escuela tiene que ir a aprender”, asegura.

Rever contenidos y entrenar destrezas para evitar el fracaso

Un planteo que se repite constantemente es la necesidad de repensar los contenidos para que puedan atender a las necesidades de los alumnos hoy y comprender su contexto. En tal sentido, Belligoi explica que “el problema está en la falta de contenidos acordes a estos tiempos de cambio. Hay nuevos paradigmas que atender. Hay que acomodarse entre los viejos y los nuevos. Esto es una transición compleja”.
“Paulo Freyre dice que es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta”, explica Belligoi, “porque siempre hay pedagogía de la respuesta ya que los profesores trabajan con los alumnos en base a lo  que el docente quiere, no con lo que el alumno quiere. Más allá del contenido a enseñar es necesario saber la adecuación de este contenido al contexto de ese alumno. Es por esto que hay un  desinterés generalizado”.
Belligoi entiende que, “los chicos hoy están con la tecnología que los pone en otra situación. Y como adultos hay que estar a la altura. La sociedad que no prepare a sus chicos, que no los eduque, que es uno de los bienes más preciados y el derecho de todo niño y adolescente se quedará en el tiempo. Si no nos preparamos como sociedad nos quedamos en el camino”.
Pero aunque la negatividad del panorama nos haga dudar, siempre cabe recordar que desde el ámbito escolar todo se puede cambiar para mejorar, siempre hay herramientas que permiten evaluar procesos de enseñanza y apuntar a mejorar cuando los resultados no son los esperados. Sólo hace falta compromiso.
“Por suerte”, asegura Paula Sánchez, “esto se puede revertir, pero exige un compromiso inmenso por parte de todos los docente como de la escuela como institución. Y digo todos los docentes porque no hay que ser  profesor de lengua para prestar atención a estos indicadores. Todos los profesores de todas las disciplinas debemos hacernos eco de estos cambios, nosotros también necesitamos que los chicos comprendan los textos”.
Según Sánchez, docente del I.S.F.D. y T. Nª20  y  Nª129,  “la escuela como institución educativa debe enviar a su alumnado un mensaje coherente que acompañe el mensaje docente para que no se desvirtúen las acciones que llevamos a cabo en las aulas”.
Para la docente, “las maratones de lectura y fomentar el uso de la biblioteca mediante estrategias innovadoras son muy buenas formas de paliar estas falencias.
También volver a leer en el aula, que es un hábito que se ha perdido. El hecho de que nos tomaran lectura era un momento que nos mantenía atentos, hacía que practicáramos todos los días. Hoy son pocos los docentes que lo realizan. Pero estoy segura de que no es una utopía, si se quiere, se puede”.

Instituciones comprometidas
“Sin dudas, las instituciones son responsables de este déficit si no fomentan el hábito de la lectura, sino acompañan el mensaje del cuerpo docente, si no se hacen eco de lo que se desprende del diseño curricular”, advierte Sánchez. “Es por eso que el mensaje debe partir verticalmente desde ella hacia los docentes y por ellos a los alumnos”.
“Mi trabajo en el nivel terciario, donde el alumnado es mayor de edad, me permite visualizar esta problemática en más casos de los que me gustaría. Estoy segura de que es un mal que arrastran de nivel a nivel. Y viendo que están estudiando para ser docentes, no queda otra que sanear esta dificultad si o si. Por eso me comprometo día a día en acompañar al alumno, ayudarlo a adquirir esas destrezas que necesita para adquirir aprendizajes significativos. Somos agentes de cambio nunca debemos olvidar eso”, concluye la docente.

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Cuando creemos que no hay nada más que pueda saberse sobre el VIH Sida, cuando suponemos que contamos con toda la información necesaria y que no nos hace falta nada más para luchar contra el virus, resulta que vemos en escalada el aumento de casos en el país y en nuestra ciudad.

Y comprobamos que no sabemos nada o peor aún, que nos negamos a saber más e involucrarnos.

Mientras estos planteos se suscitan todavía muy tímidamente, aparecen personas que nos cambian la visión, la óptica y casi sin querer, nos vuelven más abiertos y dispuestos.

Elena, Manuel y Lucía son tres pacientes de HIV que conviven día a día con una realidad que los cambió para siempre pero con la que están dispuestos a coexistir sin bajar los brazos y con mucha responsabilidad.

Asisten al grupo que coordina Silvia López, asistente social del Hospital Interzonal General de Agudos “Dr. Abraham Félix Piñeyro” donde funciona el programa de HIV Sida a cargo del Dr. Fabián Rodríguez, infectólogo especialista en HIV de nuestra ciudad.

“Me dijeron que me moría”

Dueña de una sonrisa tímida pero cálida y una voz muy suave que invita a escucharla sin descanso, Elena, de cincuenta y siete años –casi cincuenta y ocho, como advierte-, se prepara para contar su historia a partir de su diagnóstico, dado hace siete años.

“Fue en el año 2005, tenía muchos dolores de pierna, venía haciendo un tratamiento para adelgazar porque mi locura era tener una silueta muy delgada, vivía a pastillas y a gotas”, comienza su relato. “En su momento trabajaba haciendo cobranzas y andaba mucho por todos lados y mucho detrás de mi hijo que hacía deporte, hasta que un día no pude más. No coordiné más. Caí en cama a dormir, a dormir, no conocía a nadie y me trajeron al hospital. Tenía una infección en la cabeza, muy grande. Los doctores le dijeron a mi hijo y a su abuela que esperaran que me muriera. Pero gracias a dios y a los médicos estoy viva”.

Hace siete años Elena comenzó su tratamiento con siete pastillas pero hoy  solamente toma dos. Esa es toda la medicación que necesita.

“En realidad hago vida normal sólo que me cuido mucho del frío, no bebo, nunca fumé. El cigarrillo para esto es tremendo. Hay gente que no hace caso pero bueno, es importantísimo cuidarse”.

Elena es viuda pero tiene el apoyo incondicional de sus familiares, sus amigos, sus vecinos y el grupo que funciona en el hospital de la mano de la asistente social a cargo del programa HIV Sida, Silvia López y de Romina, médica residente, parte del equipo.

“En mi caso, en los primeros momentos en que me diagnosticaron me sentí mirada y rechazada por la gente pero era algo más personal, algo mío y fue hasta que aprendí a llevarlo”, cuenta, “eso pasa supongo, hasta que uno mismo aprende a llevar la enfermedad. Y para eso el apoyo de la gente cercana y el no sentirse solo es muy importante”.

“Ser portavoces para los jóvenes”

Manuel tiene 43 años y mucho entusiasmo por contar su historia para que pueda servir a otros. Ese parece ser su mensaje primordial.

“Yo empecé a sentirme mal el año pasado. Venía teniendo desajustes con mi salud y no podían dar con el por qué. Tenía dolores de pierna, quería estar constantemente acostado, nada más. Decidí hacerme chequeos por todos lados y cuando por problemas en la piel visité una dermatóloga, ella me propuso hacerme un análisis de HIV. Y es en enero de este año que me lo detectan”, explica.

Lejos de lo que el mismo pudiera pensar, asegura que tomó la noticia con bastante tranquilidad.
”Lo tomé como algo normal, no me enloquecí. Es más, para mi fue un alivio porque era entender por qué me estaba pasando lo que me pasaba y lo mal que me había sentido”.

“Enterarse de que uno es portador de HIV supone dos caminos”, explica Manuel, “podés hacer las cosas bien para estar mejor y tener mejor calidad de vida o dejarte estar. Muchas personas piensan en salir a contagiar, a reventar. Muchos piensan “bueno a mi me jodieron, yo salgo también a joder”. En mi caso, al día siguiente de tener mi diagnóstico yo elegí hacer las cosas bien”, asegura. “Vi al doctor Fabián Rodríguez que es el infectólogo, él me explicó todos los pasos, lo que tenía que hacer, cómo insertarme, hasta que conocí a Silvia, una persona muy responsable, pieza fundamental en este hospital para todos los que estamos en tratamiento, muy comprometida con su trabajo”.

Actualmente Manuel toma cuatro pastillas por día y es un paciente extraordinario.
”En mi vida me ayuda el hecho de que trabajo y estoy en pareja estable desde hace trece años, con quien comparto todo y es mi sostén. Si bien psicológicamente nunca estuve mal, el primer paso de esta enfermedad es la aceptación del diagnóstico”, advierte. “Que cambia y modifica cosas en vos, claro que si. Uno debe llevar una vida más ordenada, sin excesos, sin alcohol, sin cigarrillo. No debe haber excesos bruscos de sexo tampoco. Se debe llevar una vida tranquila”.

Pero lo que intenta dejar en claro Manuel, es que se puede llevar una vida normal sin inconvenientes toda vez que el paciente se cuide responsablemente.

“Hay que cuidarse de los ambientes calefaccionados y los cambios bruscos de frío y calor, del frío especialmente porque puede traer una neumonía u otras infecciones complicadas. Y en el verano hay que cuidarse también de los excesos de calor”.

Con el diagnóstico, muchas veces comienza la búsqueda de culpables, pero Manuel asegura que ese no fue su caso.
”Decidí no vivir con eso. Las cosas no pueden cambiar por buscar un culpable, no se vuelve atrás, hay que mirar adelante. Y lo importante es que tenemos que ser portavoces para los jóvenes de ahora y los chicos que vienen y decirles que hay muchas cosas que ellos se pueden evitar, que se cuiden, que cuiden su salud. Si van a estar con alguien que no conocen, usen preservativo”, remarca, casi como un ruego.

“Hay cosas incluso peores que el HIV y es una Hepatitis b que se contagia también por vía sexual y es fulminante. Te lleva a la muerte”, asegura.

“El estigma social al decir Sida o HIV es tremendo, pero es una enfermedad que si bien no se cura, es controlable. Viviendo bien, alimentándose bien, descansando bien, sin excesos, se puede”.

“Dejar de tomar el sexo como un juego”

Hace dos años y medio que Lucía descubrió que era HIV positivo.

Hoy tiene 17 años y se ve plantaba con seguridad ante la vida, sobrellevando lo que le tocó pero casi con la misma idea de Manuel, de machacar en los jóvenes la importancia de cuidarse y evitar el contagio del virus.

“Comencé con pérdida de cabello y como había tenido hipotiroidismo desde chica, pensé que era por eso. Fui al médico por análisis de tiroides y le pedí que me diera uno de HIV. Me dio positivo. Mi mamá lo supo primero y fue la que me lo dijo”, cuenta con gestos, invitando a imaginarse aquella situación.

“Cuando me lo dijo, tanto ella como mi tío tenían mucha información, más de la necesaria. Pero tenía que asimilarla yo primero. Porque al principio cuando te enterás lo primero que sentís es un golpe, pensás que te vas a morir, pero después de a poco se aprende a sobrellevar, te acostumbrás, asimilás las cosas”.

Para Lucía, su familia, su pareja y sus amigos son pilares esenciales en este camino que la apoyan constantemente. Camino que transita sin medicación porque no la necesita.

“Lo difícil a mi edad es que sabés que no podés tomar demasiado, tenés que cuidarte, no fumar, ni pensar en drogas. Hay gente que se te aleja porque no llevás el mismo ritmo de vida que ellos. Yo puedo decir que soy el resultado de la juventud, de no hacer las cosas bien”, dice con tono ejemplificador que a los 17 años no logra más que sorprenderlo a uno.

“La realidad es que los adolescentes no quieren cuidarse en las relaciones sexuales, porque no les gusta, porque dicen que sienten menos, que no es lo mismo. De lo único que se quieren cuidar es de un embarazo”, se lamenta.

“Hay muchas chicas que disfrutan el hecho de que muchos chicos quieran tener relaciones con ellas y lo hacen y no miden riesgos. Imaginate que la misma industria pornográfica está empezando a promover el uso de profilácticos porque ha habido muchos contagios de VIH. Ya ahí tenés una pauta. Es una industria que vive por y para el sexo. Si seguimos así la mayoría de la población va a tener VIH y lo peor es que no se van a haber enterado. Por miedo, por no animarse a hacerse el análisis”.

Lo importante para Lucía es dejar en claro que “ser VIH positivo no es el fin del mundo, podés tener una vida normal, una pareja, podes tener hijos el día de mañana, obviamente con estricto control y teniendo todos los recaudos posibles para no arrastrar a nadie”.

Y esta joven de 17 años, con autoridad suficiente, le habla a sus pares, “que dejen de tomar el sexo como un juego, que dejen de pensar “a mi no me va a pasar nada” porque yo pensaba igual y me tocó. Y lo padecí en muchos aspectos con mi familia, y no es lindo ni divertido. Si uno pudiera elegir no tener VIH, lo haría”.

Medicación y apoyo profesional

Según Manuel, “el sistema en el que entramos, aquí en el hospital, siempre me brindó la medicación, nunca me faltó y eso es muy importante porque es muy costosa, yo solo no podría costeármela. Uno de los medicamentos sale algo de $5000”, advierte, “entonces si el hospital nos brinda la posibilidad de tener un infectólogo para estar cuidados y controlados, una asistente social como Silvia, que se preocupa, que está con nosotros en todo momento y la medicación gratuita, tenemos que poner algo de nuestra parte”, reflexiona.

Silvia López, es la asistente social que está a cargo del programa HIV Sida, desde hace 24 años.

“Trabajamos con nuestro infectólogo, el doctor Fabian Rodríguez a la cabeza de todo esto, con el programa provincial y con el programa nacional que nos provee de la medicación y a través de los cuales realizamos los análisis de CD4 y carga viral, específicos para medir las defensas de los pacientes. El programa provincial, como el hospital pertenece a la provincia de Buenos Aires, lo utilizamos para otros tipos de análisis”.

Desde su lugar, lo que se intenta es promover el aprendizaje propio de cada paciente.

“Intentamos que se tome esto que le toca a cada uno, no como algo terrible, sino como un aprendizaje. A todos nos puede pasar. Incluso a mi. Entendiendo que esto no es un final, porque es una enfermedad crónica. Hoy con todos los controles pertinentes y con la medicación, quien la deba tomar, o quien no, hay cambios significativos en sus vidas y pueden llevar una vida normal.

Te morís de otras cosas, no de HIV”, remarca.

El grupo que conforman, como todos los grupos de apoyo, es un encuentro para reconocerse, reencontrarse, ayudarse.

“Nuestro trabajo es acompasar, caminar al lado del otro. Acompañar el proceso de la enfermedad, con los diferentes tipos de pacientes.

Tenés el que es conciente y se cuida y tenés el que no. El que tenés que estarle detrás, recordándole, insistiéndole, en que cuando conoce a una posible pareja debe decir que es HIV positivo, que debe usar profiláctico”.

“Y generalmente el que viene es el que mejor la lleva, tal vez no es quien más lo necesita, porque el que más lo necesita escapa, se miente a si mismo.

No lo asume, no lo comparte. A veces en la familia lo sabe solo uno o a veces ninguno. Se teme al rechazo”.

Pero ese temido rechazo está latente y es parte de la discriminación que sufren a diario muchos portadores de HIV.

“Si se enteran de su enfermedad, en los trabajos no los toman. Muchas personas podrían estar mejor en su vida laboral y no pueden por esta discriminación. Todavía hay mucho que trabajar porque se dice que el paciente de HIV puede vivir hoy una vida normal pero resulta que al buscar un trabajo no lo consiguen. Hemos avanzado muchísimo en la medicación pero no hemos avanzado en lo otro”.

Silvia remarca casi con desesperación la necesidad de que haya campañas, que actualmente brillan por su ausencia.

“No hay campañas de ningún tipo, en un país donde las estadísticas del HIV son muy altas. Y en Junín también lo son, solo que parte de la población juninense infectada aún no sabe que es positivo. Estamos en el noroeste de Buenos Aires, mucha gente pasa por acá. Tenemos viajantes, tenemos prostitución, también hay prostitución vip. Hay actividades swingers.

Es una población que tiene todo como para que se de, pero nadie se hace cargo. Sabiendo todo esto no hay campañas y la población de Junín está muy comprometida”.

Romina, médica residente que colabora con el programa advierte también que “los análisis de HIV no se hacen por rutina, a veces en un embarazo se enteran porque se los pide. Pero todavía hay un estigma, un miedo, a pedirlo del mismo modo en que se pide un colesterol”.

Para Silvia López, “es una cadena, es imparable. El profiláctico para toda edad es la única prevención ya que la vía sexual es la de mayor riesgo, incluso para el sexo oral también se requiere profilácticos. Y ante cualquier duda tengo que venir al hospital, tengo que hablar con el infectólogo”, insiste.

Según Silvia, como no se tienen los medios económicos como para difundir y hacer campañas, desde el hospital se ofrece un dispenser con profilácticos para que la población acceda.

“Lo importante es ir por más todo el tiempo. Que el avance sea positivo por la medicación pero por la prevención que es lo único que lo detiene. No hay otra salida. Tenemos que ser responsables desde el lugar que nos corresponda.

La madre tiene que poner el preservativo en el bolsillo de su hijo y de su hija también. Educar y hablar adulta y responsablemente del tema. Es imposible parar esta enfermedad si no hay educación”.

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Coleccionismo y compra-venta, las formas de un amor que crece con los años

La venta de antigüedades no es una práctica común que alguien decide emprender livianamente como actividad comercial.
Si bien muchas veces la comercialización de determinados productos está apegada a los intereses del vendedor, el caso de las antigüedades propone un panorama bastante diferente.
En principio, hay una gran admiración o fascinación por aquellos objetos que trascienden los años y que pueden ser especialmente buscados o simplemente hallados por mera fortuna.
También es importante reconocer a que se apunta al coleccionarlos así como saber encontrar los canales para conseguirlos y acrecentar la colección o el rubro, si hablamos del comercio.
Agustín Dunga Sosa y Daniel Pena son dos juninenses que se dedican a la venta de objetos antiguos y cuentan con más detalles de qué se trata esta pasión que se enriquece con los años y supera toda efímera moda.

Retroceder en el tiempo, una terapia
De un modo poco común, Agustín Dunga Sosa, un juninense de 41 años, se  inició hace tiempo en lo que él denomina como una mezcla de hobby, pasatiempo y terapia; el coleccionismo de objetos antiguos.
“No tengo claro cuando empecé. La verdad es que nace más como una terapia que otra cosa, cuando un día dejé de fumar y para calmar la ansiedad me puse a lijar la madera de un mueble viejo que encontré en el campo. A partir de ahí la desconexión con la realidad y el tiempo que pasaba ya sin ganas de fumar comenzaron a definir este camino lleno de satisfacciones y sorpresas increíbles”, relata.
Si bien su trabajo es otro, ya que hace más de catorce años se dedica a la venta de insumos para impresoras láser y a su reparación, disfruta su pasión que no sólo queda en el coleccionismo sino que también se ancla en la venta.
“Como hobby es un excelente pasatiempo que te hace retroceder en el tiempo. Las cosas que uno encuentra son increíbles”, destaca. “Por mi trabajo viajo bastante por la zona y cuando el tiempo lo permite entro a esos pueblos que ni cartel con su nombre tienen y es en esos lugares donde se encuentran estos tesoros, abandonados, sin vida, hasta que aparece alguien que sabe lo que son, lo que significaron y lo que influyeron en la vida de una generación, ya sea social, cultural y económicamente. Ahí es donde todas la historias que contaban tus abuelas se materializa”.
Entre los objetos que tiene Agustín, destaca algunos libros de mediados del año 1800. “Son primeras ediciones, ilustradas a mano”, aclara. También posee pequeños muebles, “aquellos que hacían los carpinteros para mostrar su arte, ya que en esa época no existía la posibilidad de avisos publicitarios. Los carpinteros salían a mostrar en miniaturas lo que podían hacer, de familia en familia, de casa en casa”.
Entre otros objetos, Agustín menciona radios antiguas, tocadiscos, discos muy antiguos, revistas y diarios muy añejos. “Al ver estos diarios uno siente cómo la historia de nuestro país se repite todo el tiempo. Incluso quiero a un tocadiscos y algunos discos especiales que tengo, y por más simple que parezca, escucharlos no tiene precio. Escuchar una Edith Piaf con ese ruido a fritanga que te transporta a un Paris de la guerra, la pobreza, la miseria, la alegría, eso es increíblemente real y hace a esta pasión”.
Su colección no supone límites aunque se inclina por algunas cosas más que otras. “No colecciono algo especial, a veces me inclino mucho más por los libros, radios, muebles, generalmente objetos pequeños. No tengo ni un auto antiguo ni un sulki en mi casa, pero eso sí,  siempre deben ser objetos antiguos y tener una historia, origen, la posibilidad de comprender quienes los usaban, para que, etc. Y aquí es donde estos objetos adquieren un valor subjetivo que los hace especiales”.

Una pasión de más de veinte años
Daniel Pena era un adolescente cuando descubrió el coleccionismo que lo llevó, años después, a iniciar su propio comercio. Un comercio de antigüedades que hoy tiene 17 años en la ciudad.
“Si bien era chico cuando empecé a indagar, a interesarme por este rubro, el negocio nace en el año 1996 y es hoy mi medio de vida”.
Daniel iba a los remates, e incluso si se iba de vacaciones siempre volvía con algo. “Es así”, confiesa, “si te gusta esto no podés desconectarte ni un segundo”.
“Cuando esta casa -donde tiene el local- quedó desocupada, me dije ahora tomamos un rumbo comercial. Arreglé el lugar y abrí una vez que tuve un número de cosas suficientes. Igualmente antes abría las vidrieras, entonces se podía ver más o menos lo que había. Yo era docente pero dejé todo y me dediqué a esto. Hoy es mi medio de vida, es un amor que uno lleva dentro”.
En su anticuario, “La Media Luna” uno puede encontrar muy variados objetos inteligentemente anexados unos a otros componiendo un cálido ambiente que atrae de inmediato.
Hay pinturas del siglo XVII, XVIII; mobiliario del siglo XVIII, XIX y XX así como un incontable número de porcelanas e iluminación que engloban en general la orientación de su negocio.
“Aparte de la venta, también nos dedicamos a la restauración”, explica Daniel. “Tanto para nuestros propios objetos como para quien lo solicite. Algo que alguien herede o compre y requiera una restauración, lo podemos hacer”.
Pero a pesar de su perspectiva comercial, a veces el apego a los objetos que más le gustan es inevitable.
”Me pasa seguido que me cuesta desprenderme de cosas, si bien ya no soy coleccionista, soy comerciante de antigüedades, siempre pasa que me digo “esto me lo quedo”. Y hay cosas que las vendo, porque las tengo que vender, porque para eso tengo el negocio y es mi medio, aparte de que no puedo quedarme con todo”, relata Daniel.
”Cuanto más conocés, más aprendés y más te inclinás por una cosa u otra. Si fuera por mi estaría todo el tiempo comprando antigüedades pero no se puede. Me gustaría tener muchas cosas más, más antiguas”, asegura.

Un mercado distinto
Según su experiencia en el rubro, Daniel Pena explica que, “cuando hacés coleccionismo es más difícil conseguir antigüedades pero cuando uno tiene una puerta al mundo, a la sociedad, como es un comercio, es mucha la gente que viene a ofrecerte determinadas cosas. No obstante, no espero siempre que vengan a ofrecerme sino que también salgo a buscar”.
Si bien acepta que no lo hace del mismo modo en que lo hacía antes, asegura que todavía es parte de su trabajo. “Cuando no me  conocía nadie tenía que salir más, pero es una tarea que me tomo como parte de esto, salir a buscar, porque a veces tengo pedidos de objetos que tengo que conseguir”, asegura.
Pero lógicamente, sus años en el mercado de las antigüedades lo habilitan a manejarse muchas veces con los corredores de antigüedades. “Algunas personas hacen las veces de corredor, o sea, no tienen anticuario pero su trabajo es buscar y conseguir piezas para los anticuarios”.
Pena diferencia la ciudad de lo que puede ser Buenos Aires en general. “Allá es otro mundo el de las antigüedades, hay otra demanda. Pero de  todas formas, con el tiempo yo hice mi clientela en la ciudad. Una clientela que es diferente a la que puedas encontrar en Buenos Aires pero a la que con el tiempo vas acostumbrando, le vas ampliando el conocimiento, mostrándole cosas. Así armé a mi clientela en Junín, en la zona y hasta tengo clientes de Buenos Aires que vienen a comprar acá”.
Por su parte, Agustín Dunga Sosa, quien si bien no vive de la compra venta de objetos antiguos, acepta que su idea es comprar algo que pueda vender a mejor precio. De hecho, de su propia experiencia cuenta “para mi este mercado no depende de estados económicos, porque el que compra, lo hace por gusto, no por necesidad. Y en todo caso quien vende, vende porque no sabe lo que tiene o porque lo tiene tirado, o lo saca a la calle porque le molesta”, explica.
”Se consiguen cosas en chatarreros, que a veces las tienen tiradas entre chapas y fierros oxidados, también en los pueblos chicos, en las demoliciones, en los viejos galpones de campo, en la calle. Cosas que se pueden restaurar y que de hecho lo hago. Siempre hay alguien dispuesto a pagar por estos objetos”.

ImageLas bandas locales y un problema recurrente

La falta de lugares para tocar, o en su defecto, los altos costos para alquilar reflejan una constante para muchos músicos de la ciudad.

La autogestión parece ser una característica esencial para los que deciden armar una banda de rock. Incluso tan importante como la de aprender a tocar un instrumento.

Es que en la ciudad no resulta fácil encontrar lugares donde exponer la música que hacen. Y si de hecho los encuentran, los costos económicos suelen ser elevados y por lo tanto imposibles de costear.

Aún así, remando los contratiempos que se les vengan encima, siguen tocando. Siguen buscando llegar a la gente, que es el fin de toda banda de música, incluso cualquiera sea su estilo.

Fonda, Bastardo, Sordo Zumbido y Pueblo Mestizo son algunos de los exponentes del rock local que nos dan su visión sobre la movida en la ciudad y piden más apoyo del gobierno.

Tocar donde sea

Aunque muchas bandas remarcan que ante todo son un grupo de amigos que se junta a tocar, la confirmación de una fecha, sea donde sea, mantiene el buen ánimo, pensando siempre en que puedan surgir más.

Juan Cruz Alvarez Gauna, voz y guitarra de Bastardo, una banda de rock alternativo con influencias extranjeras cuenta que “ensayamos a ver si pinta alguna fecha. Tenemos muchos temas, son todos nuestros y queremos plasmarlos. Pero siempre ensayás pensando en tocar. Nos anotamos en el Cosquin Rock y ahora vamos a tocar a Los Toldos, un festival muy lindo que se arma”.

“Nosotros buscamos lugares diferentes para tocar”, explica Nicolás Iriart, cantante y guitarrista de Fonda, banda con gran influencia del rock inglés aunque con sello propio. “Puede ser Buenos Aires, La Plata, Rosario, y también mandamos nuestro demo y video, cada vez que podemos a algún concurso o a toda instancia que nos pueda ayudar a tocar en otro lado”.

Juan Manuel Pavón, bajista de Fonda, lo ve como una experiencia de crecimiento para la banda. “Es una experiencia copada porque tocar en varios lugares te abre a públicos distintos”.

Por su parte, Martín Meza, baterista de Sordo Zumbido, cuenta que “tocamos en todos los lugares que surjan y actualmente estamos esperando una fecha próxima en Buenos Aires con bandas del underground”.
Hugo Pizzelli, guitarrista de la banda Pueblo Mestizo, con marcadas  influencias del rock nacional, asegura que tocan donde se pueda y si no, ellos mismos buscan sus propios lugares.
”Hemos tocado hasta en la fiesta de la Torta Frita en Ascensión, donde fuimos amistosamente invitados el año pasado”, destaca. “También salimos afuera de la cuidad. En este momento estamos armando un acústico que se va hacer en la cantina del club Rivadavia y es para el mes que viene”.

Al igual que Bastardo, Pueblo Mestizo participa en el concurso de Cosquín Rock.

“De hecho estamos participando de dos concursos, uno a nivel provincial que es el Rockeaba.com.ar donde algunos de los jurados son Charly Alberti  -baterista fundador de Soda Stereo- y Brenda Martin -bajista de Eruca Sativa- Y en el Cosquin Rock escenario virtual”.

Casi no hay lugares para tocar en Junin

Las cuestiones económicas que aquejan a las bandas locales que quieren mostrar su música no son menores si hablamos de los costos que implica poder realizar alguna presentación. Ni hablar de la falta de lugares que la posibiliten.

“La música es un rubro complicado”, confiesa Nicolás, de Fonda. “Si querés hacer las cosas bien, tenés muchos gastos. Y acá casi no hay lugares para tocar, tenés que rogar para que te dejen tocar y encima tenés que pagar alquiler”.

“Hay bares que te llaman para levantar, porque están en el fondo y saben que una banda por ahí les lleva un poco de gente y después ni siquiera te dan una cerveza. Ni un sándwich”, se queja Juan Manuel, de Fonda.

Coincide Juan Cruz, de Bastardo, con que “se hace difícil tocar en Junín, porque tenés que pagar para tocar. Es medio complicado”.

Jacobo Alvarez, baterista de Fonda, entiende, al igual que los demás músicos, que la gestión actual no colabora con los espacios para la música.

“El municipio te da la Ranchería pero no podés cobrar entrada y tenés que poner una bandera gigante del gobierno”, explica. “Cuando en realidad debería ser gratis para las bandas. Y si querés cobrar entrada, te lo alquilan, cobrándote las luces, el operador de luces, todo. Es una locura”.

Hugo, de Pueblo Mestizo, coincide con que “no sólo que no se genera multiplicidad de espacios culturales para las distintas expresiones -teatro, música, literatura, arte plástico, etc.- sino que además vos querés tocar en el teatro municipal, propiedad de todos los juninenses, y tenés que pagar una fortuna por su alquiler, y digo una fortuna porque para los que hacemos arte se nos hace cuesta arriba cubrir más de $1.600 en el alquiler del espacio y la iluminación para un evento”.

Por su parte, Martín Meza, baterista de Sordo Zumbido, considera que si bien hay festivales organizados por el municipio, destaca el espacio independiente que genera el Femi –Festival Estival de Música Independiente- “son amigos que con su esfuerzo apoyan a las bandas locales y zonales”.

En desacuerdo con la competencia entre bandas, los músicos consideran que la participación que propone el municipio desde el Plaza Rock, debería ser más abierta y no eliminatoria.

“Si lo único que tenés es el plaza Rock y te anotás y perdés, después es un desánimo para la banda. Ese apoyo no está presente, no hay incentivación”, destaca Nicolás de Fonda.

Su compañero baterista, Jacobo, agrega que “encima de todo, el hecho de ganar y tocar en la Laguna, cuando tocar en la laguna debería ser para todas las bandas, no para algunas”.

Juan Cruz, de Bastardo entiende que “estos concursos generan una competencia que no tienen ningún buen fin. Sería mejor tocar cada fin de semana en una plaza, en cualquier lado. El sonido a la Municipalidad no le debe costar nada. Y la gente tendría un lugar donde pasarla bien. Si armás una plaza, una feria, van chicos, grandes. Sin que haya competencia y que vengan bandas de todos lados a tocar, a pasarla bien, que es la idea de la música”.

“Los artistas que siempre estamos en contacto sentimos mucho el peso de una gestión tan apática como la de Meoni a la promoción de la cultura juninense”, enfatiza Hugo Pizzelli, de Pueblo Mestizo, “pero que en cambio se promueve con quita de impuestos a los artistas de afuera. Y ojo, que nosotros decimos “bienvenidos todos los artistas a nuestra ciudad”, pero si sos Estado se supone que primero pensás en el desarrollo de tus propios artistas, porque en definitiva la cultura es el lugar del verdadero desarrollo de cualquier comunidad”.

Fonda en Ciudad Emergente

Recientemente, Fonda salió seleccionada en un concurso para tocar en Ciudad Emergente.

“Fue una hermosa sorpresa quedar entre casi dos mil bandas para tocar en La Trastienda, con un jurado importante para nosotros. No se si nos copaba mucho competir pero queríamos tocar en Ciudad Emergente y ver las repercusiones”, explica Nicolás, su cantante.

“Por suerte ganamos, y eso nos puso más que felices. Está bueno porque es una forma de ser reconocidos por gente que sabe de música. Estaba Leo García, estaba el productor de ciudad Emergente y un periodista de la Rolling Stone, que nos alentaron, que les pareció buena la banda”.

FEMI: es cultura

Surgido hace tres años, el Femi –Festival Estival de Música Independiente- nació por la inquietud de un grupo de amigos de brindarle no solo a sus bandas sino al resto de las bandas un lugar para tocar.
”Cada vez que queríamos tocar, no conseguíamos lugar. Era complicado, había que pagar alquileres muy altos”, explica Jacobo Alvarez, uno de los fundadores del proyecto.

“En el verano, con tanto calor, era un garrón buscar un lugar cerrado para tocar así que se nos ocurrió hacerlo en diferentes plazas de Junín. Distinto del Plaza Rock, que es el concurso que organiza el gobierno local y que nos parece poco para ofrecerles a las bandas”.
Con el correr del tiempo, el objetivo se amplió y surgió la idea de descentralizar la movida cultural.
”La idea es que se corra el eje de la plaza del centro, que se vaya por los barrios, que se lleve música de bandas que tal vez nunca tocaron ahí. También ampliamos el género, no solo bandas de rock sino folklore, tango, lo que sea”.

“Se inició en cinco plazas, de barrios diferentes, convocando cuatro bandas por plaza, solistas, músicos de otros pueblos, y llevándolos a cabo los días miércoles, para no pisar ninguna otra actividad que hiciera el gobierno, en el horario de las siete de la tarde”.

Actualmente los integrantes del Femi son cinco: Lucas Argente, Lautaro Alonso, Jacobo Alvarez, Guillermo Perez, Sebastián Asef.

“El Femi es básicamente un grupo de músicos que se juntan para que otros músicos puedan tocar. Pero el hecho de que sea totalmente gratis, para las bandas y el público, implica mucho trabajo previo, un tanto cansador, para quien no lo lleva en el alma”, destaca Jacobo.

“Somos un grupo autogestionado, el sonido lo pagamos nosotros, los ingresos los conseguimos con publicidad o con comidas caseras y vendiendo en el mismo festival.

El municipio nos baja la luz y nos presta el escenario el día que se organiza el recital en cada plaza, avisada de antemano”.

El aumento de los costos, especialmente en sonido, llevó a los chicos del Femi a planear los medios para conseguir fondos.

“Decidimos hacer unas peñas, donde se cobra una entrada, en el salón de la Casa del Pueblo, que nos brindan el lugar gratis, entonces nos quedamos con la barra y cobramos una pequeña entrada que es exclusivamente para ayudar a que se pueda hacer el Femi. Y las bandas que van a las peñas también lo hacen gratis, sabiendo que el fin es colaborar para poder hacer el festival y tocar. Si todo sale bien, a fin de Julio arrancamos con la primer peña”.

Grabar un disco: doble esfuerzo

Todos los músicos consultados coinciden en que son altísimos los costos que se manejan para grabar un disco.

Hugo Pizzelli cuenta que con Pueblo Mestizo están terminando el suyo “Máquinas del tiempo”. “Va a salir a la venta en dos meses más o menos y la verdad es que cuando no sos un artista “consagrado” todo cuesta mucho, no sólo desde lo económico sino también que en todo tenés que estar vos, desde buscar y armar tus fechas, así como vender tus entradas, disco, etc.”

Juan Cruz Alvarez Gauna y sus compañeros de Bastardo están tratando de organizarse para lograr el demo. “Tenemos la idea de grabar un demo pero aún no lo logramos. Cuesta la iniciativa y cuesta económicamente”.

Los chicos de Fonda están costeándose con esfuerzo, su segundo disco.
”Lo vamos pagando a cuenta gotas, porque nos lo permiten, pero no es nada fácil. Incluso no es sólo grabar sino sacar las réplicas”, explica Nicolás.

Martín Meza, de Sordo Zumbido, tiene una sala de ensayo Canon Plug, y si bien no es profesional, permite un servicio de ensayo con grabación.

Junin, the day after

Daily Prompt: Erasure

The air feels different this morning.
Cops are reunited in the main square and few more groups of police forces are surrounding the  buildings that were destroyed after the events of last Saturday and Sunday in Junin, a small town in the city of Buenos Aires, Argentina.
The worst and most distressing days i have ever been through in my thirty three years living in this place.
But today, it looks like citizens want to go back to normal. In fact, everybody went to work and shops opened as usual.
The killing of a seventeen years old girl in a robbery last Saturday night awaken the rage of neighbours who protested at the Police Station, a block away from where the killing took place. But among the protesters there were also a few vandals, infiltrates who started to destroy everything at his range, specially the Police Station, the Town Hall, the municipality library, squares, the Court House, a bank and some shops.
It was grievous and you could only watch in impotence, helplessly while they threw all kind of stones, bottles with kerosene turned into home-made “molotov bombs” against the institutional buildings.
Experts believe there was a political intention on this protest to desestabilize the Mayor.
Others say it was only the reaction of a city in flames, of citizens who got fed up with insecurity, specially robberies and deaths.
Being Junin such a peaceful city and its citizens -to be honest- a bit  reluctant to protests and even more to violence, it is almost impossible to believe that neighbours could carry on something like that.
Most of the people living here, those from the media and of course politicians strongly believe there was an intention -a pretty clear one- to install chaos so people would bring down institutions and the Mayor with it.
To that idea, it is important to remark that Mario Meoni, the Mayor, is not part of the stablished government that runs the country so thats the reason why national authorities did not send  security to control vandals in the city.
Vulnerability is the first impression you get when you look at pictures in Junin.
More than ninety thousands of citizens who felt unprotected. A seventeen year old life taken away.
The worst event i have ever witnessed in my hometown. The one i would surely erase from the history of Junin. From the story of my own life.

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