Hay muchas pruebas de que la vida te da y te quita, en su justa medida.

Pero las pruebas no alcanzan, ni son relevantes cuando eso que quita es el sueño.

Y no hablo del sueño de dormir, de cerrar los ojos.

Hablo de ese sueño que uno anhela desde las entrañas.

Y proyecta. Y espera. Y se juega.

Dicen también que la vida nos oprime,

pero nunca más de lo que somos capaces de soportar.

Tal vez sea cierto. Pero no mitiga el dolor.

La tristeza de ver como ese sueño se va de las manos.

Y corre hacia otros.

Otros que lo abrazan con la misma fuerza con que uno lo hubiera hecho… porque era su sueño!

Dicen mucho sobre el tiempo y las heridas. Cuantas sanan, cuantas perduran.

Pero no hay tiempos exactos ni heridas iguales.

El dolor no se comparte. Y cuando es único, duele más.

Que mueran los sueños efímeros, eso no es grave…

Que no nazcan los que deseamos… eso es lo más cruel.

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